Proteína Después de los 40: Cuánta Necesitas, Cuándo Tomarla y Por Qué la Mayoría de los Nadadores Máster No Come Suficiente

Tomas Bisono
02 Abr, 2026 Consejos
Proteína Después de los 40: Cuánta Necesitas, Cuándo Tomarla y Por Qué la Mayoría de los Nadadores Máster No Come Suficiente

En el artículo anterior hablé de nutrición general para el nadador máster: qué comer antes y después de entrenar, los principios del día completo y el reto cultural que enfrentamos en el Caribe. Si no lo has leído, te recomiendo empezar por ahí. Lo que sigue hoy es un zoom sobre el nutriente que, en mi experiencia como coach y como atleta, es el que más impacta al nadador máster después de los 40.

No es un suplemento exótico ni un superalimento de moda. Es la proteína.

Lo digo sin rodeos: la mayoría de los nadadores máster que conozco no comen suficiente proteína. No porque no sepan qué importa; a estas alturas, casi todo el mundo ha escuchado que la proteína es importante para el músculo. Lo que muchos no saben es que después de los 40, las reglas cambian. Tu cuerpo necesita más proteína que antes para lograr la misma respuesta. Y si no ajustas la cantidad, la distribución y el momento, estás perdiendo una de las herramientas más directas que tienes para proteger tu rendimiento, tu fuerza y tu longevidad deportiva.

Este artículo no es una prescripción médica ni un plan nutricional personalizado. Es lo que la evidencia dice, lo que yo aplico, y lo que les funciona a los atletas que asesoro. Si tienes condiciones médicas específicas, consulta a un nutricionista deportivo antes de hacer cambios significativos.

Lo que cambia después de los 40: la resistencia anabólica

Aquí está el dato que cambia la conversación: a partir de los 40 años, el cuerpo desarrolla lo que la ciencia llama resistencia anabólica. Esto significa que tus músculos se vuelven menos sensibles a la señal de la proteína. La misma cantidad que a los 25 años activaba la síntesis muscular de manera eficiente, después de los 40 genera una respuesta más débil.

No es que tu cuerpo no pueda construir músculo. Puede. Pero necesita más señal para hacerlo.

Es como una radio que con los años necesita más volumen para escuchar la misma canción. La canción sigue siendo la misma. La proteína sigue siendo proteína. Pero el receptor necesita una señal más fuerte para activarse.

Si sumamos la resistencia anabólica a la sarcopenia, la pérdida progresiva de masa muscular que comienza alrededor de los 30 y se acelera después de los 50, tenemos un escenario donde el nadador máster que come la misma cantidad de proteína que un adulto sedentario está, sin saberlo, perdiendo músculo gradualmente. Y esa pérdida de músculo se traduce en menor potencia por brazada, menor velocidad y mayor vulnerabilidad a lesiones.

La buena noticia es que la solución es sorprendentemente simple: comer más proteína, distribuirla mejor a lo largo del día, y combinarla con el estímulo de fuerza adecuado. Eso es todo.

Cuánta proteína necesitas realmente

La recomendación general de proteína para un adulto sedentario es de 0.8 gramos por kilogramo de peso corporal al día. Esa cifra está diseñada para evitar deficiencias, no para optimizar rendimiento deportivo. Y mucho menos para contrarrestar la resistencia anabólica de un atleta máster.

Para nadadores máster activos, la evidencia apunta a un rango significativamente mayor: entre 1.6 y 2.2 gramos por kilogramo de peso corporal al día.

Para que esos números tengan sentido práctico, aquí está la tabla de referencia:

Tu peso corporal

Mínimo (1.6 g/kg)

Óptimo (1.8 g/kg)

Máximo (2.2 g/kg)

60 kg

96 g/día

108 g/día

132 g/día

70 kg

112 g/día

126 g/día

154 g/día

80 kg

128 g/día

144 g/día

176 g/día

90 kg

144 g/día

162 g/día

198 g/día

 

 

 

 

 

 

 

 

El rango bajo (1.6 g/kg) es suficiente para mantenimiento; sostener la masa muscular que ya tienes. El rango óptimo (1.8 g/kg) es donde la mayoría de los nadadores máster deberían apuntar para un balance entre síntesis muscular y practicidad. El rango alto (2.0 a 2.2 g/kg) tiene sentido en fases de ganancia muscular, durante la recuperación de lesiones, o en períodos de alta carga de entrenamiento.

Si pesas 80 kilos y estás consumiendo 80 gramos de proteína al día, una estimación generosa para la dieta típica caribeña donde el plato está dominado por arroz, plátano y carbohidratos, estás comiendo la mitad de lo que tu cuerpo necesita para mantener su masa muscular activa.

Ese déficit no se siente mañana. Se siente en la tendencia de seis meses de tu báscula inteligente, cuando la masa muscular ha bajado silenciosamente mientras el peso total se ha mantenido igual.

La distribución importa tanto como la cantidad

Supongamos que necesitas 140 gramos de proteína al día. Podrías, en teoría, comer un almuerzo enorme con toda esa proteína de una sola vez. Pero tu cuerpo no funciona así.

Existe un concepto llamado umbral leucínico. La leucina es el aminoácido que actúa como la llave que enciende la síntesis de proteína muscular. Para que esa llave gire, necesitas una cantidad mínima de leucina por comida, que se alcanza con aproximadamente 30 a 40 gramos de proteína de alta calidad.

Si comes 20 gramos de proteína en una comida, la llave no gira completamente. Si comes 80 gramos de golpe, la llave gira una vez y el exceso no se aprovecha de la misma manera. La máxima eficiencia está en alcanzar ese umbral de 30 a 40 gramos en cada comida, distribuidos a lo largo del día.

La recomendación práctica: 3 a 4 tomas de 30 a 40 gramos cada una, distribuidas a lo largo del día.

En mi caso, eso se ve así: proteína en el batido post-entrenamiento por la mañana (primera toma), proteína en el almuerzo (segunda toma), proteína en la cena (tercera toma). Tres veces al día, cada una con una fuente significativa. No es complicado, pero requiere intención.

La toma post-entrenamiento

Como expliqué en el artículo anterior, los primeros 30 a 60 minutos después de entrenar son la ventana más importante para la síntesis proteica. Después de los 40, esta ventana se vuelve aún más relevante porque la respuesta del cuerpo es más lenta. Si la desperdicias, no es que pierdas todo el beneficio del entrenamiento, pero sí reduces significativamente la eficiencia de la recuperación.

La toma antes de dormir

Este es un hábito que la mayoría de los nadadores máster desconoce. Hay evidencia sólida de que consumir proteína antes de dormir, particularmente proteínas de absorción lenta como la caseína (presente en el yogur, el queso y la leche), favorece la síntesis muscular durante el sueño, que es cuando ocurre la mayor parte de la reparación y la adaptación.

No necesitas un batido a medianoche. Un yogur griego antes de acostarte, un vaso de leche o incluso un puñado de queso puede hacer la función. Es un cambio mínimo con un impacto acumulativo significativo.

Fuentes prácticas: alimentos reales primero

La base de tu ingesta de proteína debe ser comida real, no suplementos. En el Caribe y en Centroamérica, las fuentes de proteína más accesibles y económicas son las que ya forman parte de nuestra dieta — solo que en muchos casos no las estamos consumiendo en la cantidad suficiente.

Aquí están las fuentes principales con su contenido aproximado de proteína por porción:

Fuente

Porción

Proteína (aprox.)

Pechuga de pollo

150 g (un filete)

35 g

Huevos

3 unidades

18-21 g

Pescado (mahi-mahi, atún, salmón)

150 g

30-35 g

Camarones

150 g

28 g

Habichuelas / lentejas

1 taza cocida

15-18 g

Yogur griego

200 g

18-20 g

Queso blanco fresco

80 g

14-16 g

Leche

1 vaso (250 ml)

8 g

Proteína en polvo (whey)

1 scoop (30 g)

24-28 g

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Observa algo importante: las habichuelas, uno de los pilares de la cocina caribeña, son una buena fuente de proteína, pero no alcanzan los 30 gramos por porción. Eso no las descalifica; significa que necesitan combinarse con otra fuente para alcanzar el umbral leucínico. Un plato de habichuelas con arroz y un filete de pollo es una comida completa. Un plato de habichuelas con arroz solamente se queda corto en proteína.

El patrón más común que veo en la dieta de nadadores máster caribeños es exactamente ese: platos donde el carbohidrato es el protagonista y la proteína es un acompañante menor. Invertir esa proporción, o sea, hacer de la proteína el centro del plato y el carbohidrato el acompañante, es probablemente el cambio más impactante que puedes hacer en tu alimentación sin complicarte la vida.

¿Necesitas suplementos de proteína?

Respuesta honesta: depende de tu vida real.

Si puedes alcanzar tu ingesta diaria de proteína con alimentos reales y tienes el tiempo y las condiciones para preparar comidas con proteína suficiente tres o cuatro veces al día, los suplementos no son necesarios. La comida real siempre es la primera opción.

Pero seamos realistas. El nadador máster que entrena a las 5 de la mañana, sale de la piscina a las 6, llega al trabajo a las 7 y no tiene tiempo de cocinar hasta la noche, tiene un problema logístico real. En ese escenario, un batido de proteína en polvo no es un lujo, es una herramienta práctica que resuelve la toma postentrenamiento que de otra forma simplemente no ocurriría.

Yo uso proteína de suero de leche hidrolizada. La elijo porque se absorbe rápido, porque es fácil de tolerar a primera hora de la mañana cuando el apetito no acompaña, y porque resuelve en dos minutos lo que de otra forma requeriría preparación. Pero no es la única opción.

Tipos de proteína en polvo: cuándo usar cada una

Proteína de suero (whey) concentrada: la más común y más económica. Buena absorción. Contiene algo de lactosa, lo que puede causar malestar digestivo en personas sensibles. Funciona bien como opción general.

Proteína de suero hidrolizada: procesada para una absorción más rápida y menor contenido de lactosa. Más cara, pero mejor tolerada. Es la que yo uso para la toma postentrenamiento.

Caseína: absorción lenta. Ideal para la toma antes de dormir porque libera aminoácidos gradualmente durante las horas de sueño. No es necesario comprarla como suplemento, un yogur griego o un vaso de leche antes de acostarte cumple la misma función.

Proteína vegetal: mezclas de proteína de guisante, arroz o soya para quienes no toleran los lácteos o prefieren opciones vegetales. Busca mezclas que combinen dos o más fuentes para asegurar un perfil completo de aminoácidos.

La regla que aplico: los suplementos cubren las tomas donde la logística no permite comida real. El resto del día, come comida.

Proteína y entrenamiento: el ladrillo necesita un arquitecto

Hay algo que necesita estar claro: la proteína sola no construye músculo. La proteína sin el estímulo de entrenamiento adecuado es simplemente calorías.

La semana que viene publico el artículo sobre entrenamiento en seco para nadadores máster: fuerza funcional, core, movilidad y potencia. Ahí es donde esta pieza encaja completamente. La proteína es el ladrillo. El entrenamiento de fuerza es el arquitecto. Sin los dos trabajando juntos, el edificio no se construye.

El entrenamiento en el agua por sí solo, por muy intenso que sea, no genera el estímulo mecánico suficiente para contrarrestar la pérdida de masa muscular después de los 40. La natación es un deporte de baja carga gravitacional; el agua soporta tu peso. Necesitas el complemento del trabajo fuera del agua para darle a tu cuerpo la señal de que esos músculos son necesarios y que la proteína que estás consumiendo tiene dónde ir.

Si estás comiendo bien pero no haciendo entrenamiento de fuerza, estás desperdiciando parte de esa proteína. Si estás haciendo fuerza pero no comiendo suficiente proteína, estás limitando tu capacidad de adaptación. Las dos piezas son inseparables.

La conexión con tus datos: la báscula te dice la verdad

Si leíste el artículo sobre el Apple Watch y la báscula inteligente que publiqué hace dos semanas, ya sabes que la masa muscular es una de las métricas más subestimadas por los nadadores máster. También sabes que el peso total es engañoso y que el porcentaje de grasa es un indicador mucho más relevante.

Aquí es donde esas métricas cobran vida práctica.

Si tu báscula inteligente muestra una tendencia de descenso en la masa muscular mes a mes, el primer lugar donde mirar, antes de cambiar el entrenamiento, antes de asumir que es la edad, antes de resignarte, es tu ingesta de proteína. ¿Estás consumiendo entre 1.6 y 2.0 gramos por kilo? ¿Lo estás distribuyendo en 3 a 4 tomas? ¿Estás cubriendo la ventana postentrenamiento?

Si la respuesta a cualquiera de esas preguntas es no, tienes una palanca clara que mover antes de concluir que el problema es otro.

Y al revés: si ajustas tu proteína y en los próximos dos o tres meses tu masa muscular se estabiliza o sube mientras el porcentaje de grasa se mantiene o baja, sabes que el cambio está funcionando. Los datos te dan la retroalimentación. La proteína te da la herramienta.

Tu acción inmediata: el experimento de un día

Antes de cambiar nada, quiero que hagas un ejercicio simple esta semana.

Elige un día normal, no un día perfecto, un día real con tu rutina habitual. Y registra cuántos gramos de proteína comes en cada comida. No cambies nada. Solo observa y suma.

Usa la tabla de fuentes que te di arriba como referencia. Anota el desayuno, el almuerzo, la cena y cualquier snack. Al final del día, suma el total.

Después, compáralo con tu rango recomendado según tu peso corporal. La diferencia entre lo que comes y lo que necesitas es exactamente el espacio que tienes que llenar.

En la gran mayoría de los casos, la sorpresa es la misma: «Estoy comiendo la mitad de lo que debería.» Y esa revelación, por incómoda que sea, es el primer paso hacia un cambio que vas a sentir en el agua.

Tu cuerpo después de los 40 todavía puede construir músculo. Solo necesita más señal para hacerlo y esa señal empieza en tu plato.

 

La Conclusión

La proteína no es un tema de moda ni un truco de marketing. Es el nutriente que sostiene tu masa muscular, que potencia tu recuperación y que protege tu cuerpo contra el desgaste natural de los años. Y después de los 40, la diferencia entre consumir suficiente y quedarse corto se amplifica con cada temporada que pasa.

No necesitas un plan complicado. Necesitas proteína en cada comida principal, un batido o una fuente rápida después de entrenar, algo de caseína antes de dormir, y la consistencia de hacerlo la mayoría de los días. Eso es todo.

Los números de la tabla y las fuentes de este artículo son tu punto de partida. La báscula inteligente es tu retroalimentación. Y el entrenamiento de fuerza, que cubrimos la próxima semana, es lo que convierte toda esa proteína en potencia real en el agua.

Tu próximo paso

La semana que viene cambiamos de territorio: hablamos del entrenamiento que haces fuera del agua: fuerza funcional, core, movilidad y potencia. Es la otra cara de la moneda de lo que leíste hoy. Si la proteína es el ladrillo, la semana que viene conoces al arquitecto.

Y si quieres un plan que integre la nutrición, el entrenamiento en el agua, el trabajo en seco y el monitoreo de datos en un sistema diseñado para tu realidad como nadador máster, mi programa de coaching lo conecta todo. Escríbeme un DM en Instagram o visita tombison.com para dar el primer paso.

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